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La estupidez semántica

Llevaba algún tiempo queriendo publicar algo sobre la web semántica, hasta ahora no lo había hecho más que nada porque Angel María cree en ella, pero bueno, ahí va…

Esto de la web semántica se me antoja un sinsentido sin pies ni cabeza. Sería una estupidez más de las muchas que circulan por internet, si no fuera porque detrás de la iniciativa están ni más ni menos que el W3 Consortium y uno de los “padres” de internet, Tim Berners-Lee.

La idea de fondo es dotar a la web de “significado”, para que lo que publiquemos en internet sea más fácilmente entendible por los programas de inteligencia artificial de los buscadores. Es decir, dada la incompetencia e inhabilidad de los buscadores para entender lo que buscamos, se trata de que TODOS los webmasters y creadores de contenidos para la web añadan más información (metadatos) explicando el significado de lo que publican.

Ni qué decir tiene que es un fracaso cantado. Dados los escasos y ridículos frutos que han dado las numerosas iniciativas de crear una verdadera inteligencia artificial, la web semántica no es más que una chapuza para intentar ponerle las cosas más fáciles a los ordenadores. Es una iniciativa destinada al fracaso, no sólo por la imposibilidad de crear una verdadera inteligencia artificial, sino también por los enormes problemas que provocaría en uniformar los estándares, en definir la granularidad de los metadatos (es decir, hasta que profundidad llegamos explicando el significado de lo que publicamos), en contrarestar las técnicas SEO abusivas, la torpeza de los creadores de contenidos, etc, etc

Ahí afuera hay mucha gente que se cree que los ordenadores tienen más inteligencia de la que realmente tienen. La inteligencia artificial no es más que estupidez artificial, y NUNCA se podrá comparar a una inteligencia humana (por lo menos con la tecnología actual). Si no somos capaces de crear un ordenador que supere en inteligencia a un mosquito, ¿cómo nos atrevemos a pensar que se puede superar a un ser humano?

La inteligencia artificial es una muñeca hinchable

La inteligencia artificial es a la verdadera inteligencia lo que una muñeca hinchable es a una mujer de verdad. Vamos, que ni punto de comparación.

Querer equiparar la inteligencia humana a la artificial es absurdo. Queda muy bonito en películas y series de ciencia ficción pero no tiene nada de real, y eso lo digo sabiendo de lo que hablo. He trabajado mucho tiempo en mi programa de ajedrez, me he leido casi todo lo que está escrito sobre algoritmos de inteligencia artificial, he trabajado varios años haciendo la inteligencia artificial de videojuegos, y a lo que más se parece es a un decorado de cartón piedra de las películas del oeste. De lejos puede aparentar real, pero es todo más falso que un billete de 300 Euros.

Si los programas de ajedrez son capaces de ganar a los campeones del mundo humanos, es porque el ajedrez tiene una componente de cálculo muy importante. A nadie se le ocurriría competir con su calculadora por ver quien hace las operaciones matemáticas más rápidas, y eso es lo que sucede con el ajedrez.

Sin embargo, cosas tan aparentemente sencillas para nosotros como reconocer una imagen, una voz, entender un texto escrito son problemas durísimos para un ordenador. Los ordenadores calculan mucho, pero no entienden nada, por eso precisamente nos resultan tan útiles, porque nosotros entendemos y reconocemos muy bien, pero calculamos muy poco y mal, además de nuestros problemas de memoria.

La inteligencia artificial nunca superará la humana. Si eso sucediera, ¿podría esa inteligencia superior programar otra inteligencia superior? ¿Y esa superior otra superior a su vez, así hasta el infinito? Ojalá suceda, pero no lo verán mis ojos. Todo esto queda muy bien para fantasear y hacer películas. Crear una inteligencia superior a la humana es una utopía que tiene muy poco de real.

Todo eso no quita que se pueda avanzar por ahí, y de hecho, hay aplicaciones y programas de reconocimiento de imágenes, de tratamiento del lenguaje natural, de reconocimiento de voz, que funcionan extraordinariamente bien, sorprendentemente bien. Pero eso son aplicaciones prácticas muy concretas, que están muy lejos de tener una verdadera consciencia artificial, consciente de sí misma y de su propia existencia, con la que se pueda dialogar como se dialoga con un ser humano, que posean creatividad, que generen ideas o conceptos, o que entiendan ideales como justicia y belleza.